sábado, 18 de abril de 2020

El balance social: luces y sombras de cara a la crisis



Por: Lic. Julio César Concepción Rodríguez, MBA.,
Mail:jcconcepcion@yahoo.com
El punto de partida y fundamento de la necesidad de un balance social reside en el reconocimiento de que la actividad empresarial exige una responsabilidad social, uno es consecuencia lógica del otro. La sociedad entiende que las empresas deben aumentar la concepción de su propia función para abrazar la responsabilidad social como una verdadera necesidad con característica primada, y la sociedad ser fiel a dicha creencia demandando algún tipo de comprobación sobre la actuación empresarial en áreas no-económicas.

La acción de los diversos grupos de presión conservacionistas, en defensa de las minorías, los consumidores, en las empresas provoca que éstas dirijan su respuesta a dichos colectivos externos, lo que configura una orientación peculiar en la confección de los balances sociales abanderadas por el mundo sindical. Que adquiere nuevos bríos  con el incremento de los ya existentes la puesta en marcha de los nuevos programas de ayudas emergentes, dado el colapso de las actividades económicas y productivas global causado por el coronavirus (covid-19).

La responsabilidad social no ha logrado penetrar como un elemento estratégico cardinal en los consejos de administración ni en los  directivos principales de las empresas. Y no hay que ser un erudito para determinar, que este momento de dificultad global, en los ordenes económicos y productivos, es más que un elemento puntual de la estrategia de las empresas, la responsabilidad social, mucho más una acción social con objetivos y  recordar que la clase del proletariado con su incansable labor son los productores de riquezas. De manera que esta etapa de crisis covid-19, debe servir de enseñanza y que el balance social, se constituya en elemento sine qua non de  la consecución social de  cada empresa en el territorio nacional y que a su vez  puede ser mostrado como aderezo a la reputación en el cumplimiento de equidad con la sociedad.

El paralelismo entre las inversiones en responsabilidad social, la sostenibilidad empresarial y los beneficios que esta pudiera generar en términos de popularidad o incluso en términos económico-financieros, percibimos no está funcionando como debiera. Entendimos que la incorrectamente llamada nueva sociedad de la información, especialmente las redes sociales, concluirían  aumentando la fortaleza, mejorando las capacidades y acrecentando el potencial, todo esto con el objetivo de que pueda mejorar su situación social, política, económica, psicológica o espiritual a una ciudadanía con capacidad de valuar en su justa dimensión  los comportamientos responsables o irresponsables de los actores respectivamente. El efecto de la demostración ha puesto al descubierto que la sociedad está más informada pero tal vez menos formada. Los modelos económicos han contribuidos devaluado los elementos de orden social y por ende los valores de la solidaridad. En la calificación de la responsabilidad social, protocolos, y la ponderación sobre diversos métodos de medición, hay que considerar, que en cada nación hay una cultura distinta sobre la responsabilidad social y entre los sectores económicos hay tantas diferencias que no resulta factible establecer cuantificaciones ni escalas habituales.

Este desconcierto de seguro que lesiona la percepción social de quiénes  son los responsable genuinos y de quienes no lo son, claro está esto hace más cuesta arriba la vía que nos conduce a las incitaciones de los objetivos para fomentar y desarrollar la sostenibilidad empresarial. El discurso político y las políticas publicas no han tenido la suficiente intensidad ni coherencia como para que la responsabilidad social empresarial se sitúe de una buena vez en la cultura social en RD., y en las políticas públicas. En las pymes y las medianas empresas no se ha conseguido es precisamente porque no ha habido una política de apoyo y de fomento suficientemente fuerte. Tampoco el sector público ha dado un buen  ejemplo al respecto.
Encontrándonos de lleno en la parálisis causada por el coronavirus (Covid-19), y por el  estado de  alarma decretado por el Gobierno, desde los diferentes balcones de la economía solidaria hay que valuar entonces  de qué manera podríamos hacer frente, a fomentar una  campaña con equidad del Balance Social. Es mas que claro que no es el mejor momento para avocarnos a una recopilación estadística  dada la situación de parálisis global obligatoria, de todas las actividades económicas y de producción, que ha originado la pandemia del Covid-19, ya que sería de inutilidad pedir el esfuerzo de hacer balance, dada la complicada situación socioeconómica y de  forzoso desequilibrio de las entidades, por acción y efecto de la crisis que estamos viviendo.

En relación a esta preocupación, crece una necesidad que debe ser el común denominador a muchos actores y a los grandes grupos económicos, será importante entender el impacto de la crisis sobre las entidades y empresas a mediano y largo plazo, para, de este modo, poder elaborar e impulsar medidas que alivien en el menor tiempo posible el devastador  impacto. También que las organizaciones para afrontar las crisis, que, se abordan poniendo a las personas en el centro, con prácticas de reparto de trabajo y de hacerlos  corresponsables de manera  colectiva de los impactos, y desde la participación en grupos estratégicos e iniciativas ciudadanas para estimular y demandar medidas que coadyuven a salir acuciosamente de la dificultad. El impacto de la crisis, y para ver de qué manera  se le está haciendo frente, creemos importante hacer visible las prácticas solidarias internas, así como también la participación en iniciativas ciudadanas y movimientos sociales de respuesta.  

Por tanto, una respuesta colectiva contra la crisis. Incertidumbre global, la necesidad de priorizar la contención de las secuelas del coronavirus COVID-19 y de aumentar el gasto sanitario para reducir el contagio del brote viral, serían parte de las medidas que tendrán que adoptar los países a escala global, tal y como han estado proponiendo  las mundialmente acreditadas asociaciones medico-sanitarias, (OMS y la OPS), y sobre el panorama económico mundial, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como otros organismos de similar estatus.

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