lunes, 20 de abril de 2026

Quisqueya enfrenta desafíos sociales tras la caída de la industria azucarera

 

Por: Jesús Sánchez

QUISQUEYA. En este municipio, ubicado en la provincia San Pedro de Macorís, tiene sus raíces ligadas al desarrollo de la industria azucarera en la región Este, donde una chimenea queda como recuerdo de aquel productivo central azucarero, así como a un proceso de crecimiento poblacional que culminó con su elevación a municipio a inicios de la década del 2000.


De acuerdo con el historiador José Ramón Jiménez Abud, el territorio ya contaba con una dinámica poblacional antes de su constitución formal como municipio, operando inicialmente como delegación municipal. Fue en la primera década del siglo XXI cuando se consolidó como municipio, lo que permitió la instalación de su primera sindicatura y el inicio de su estructura administrativa.


Jiménez Abud explicó que la declaratoria como municipio se produjo meses antes de la elección de su primer alcalde y que, legalmente, debía existir la demarcación para poder organizar los comicios y juramentar a las autoridades locales. En ese contexto, Freddy Esuobo fue el primer alcalde, marcando el inicio de la vida municipal de Quisqueya.


Sin embargo, la historia de la comunidad se remonta mucho más atrás, específicamente al surgimiento de la industria azucarera en la zona. Según el historiador, desde mediados del siglo XIX, tras el proceso de anexión a España en 1861, colonos españoles provenientes de Cuba comenzaron a establecer trapiches para la extracción de jugo de caña.


En esa etapa inicial, la producción era rudimentaria. La caña se procesaba para obtener melaza, que luego era transformada en panela debido a la falta de tecnología industrial para producir azúcar refinada. Esta panela era una miel concentrada que se utilizaba ampliamente en la alimentación.
Fue con el paso de los años ya hacia finales del siglo XIX, cuando comenzaron a instalarse estructuras más modernas.

El ingenio Quisqueya inició su proceso de desarrollo en la década de 1880 y comenzó a producir formalmente hacia el año 1897, consolidándose como uno de los pilares económicos de la zona.


La instalación del ingenio impulsó el crecimiento poblacional, ya que atrajo personas de distintas provincias del país en busca de empleo. Este fenómeno contribuyó a la conformación de una comunidad diversa, que fue desarrollando una identidad propia vinculada al trabajo cañero y a la vida en torno al central azucarero.


Durante décadas, el ingenio fue la principal fuente de empleo y sustento para cientos de familias. Su impacto no se limitó al ámbito económico, sino que también moldeó la vida social, cultural y comunitaria del municipio.
No obstante, con el paso del tiempo y la desaparición del ingenio como eje productivo, Quisqueya ha tenido que enfrentar nuevos desafíos.

La pérdida de esta fuente de empleo ha impactado significativamente la dinámica económica y social de la comunidad.


En años recientes este municipio ha vivido una serie de eventos violentos tras el surgimiento de bandas delictivas, escenificándose enfrentamientos entre jóvenes que ha generado muertes y arrestos de decenas de estos.


PAPEL DE LA IGLESIA
En este contexto, el pastor Rafael Grullón destacó el papel que desempeñan las iglesias como actores clave dentro del municipio. Señaló que desde el sector religioso se desarrollan acciones orientadas a fortalecer valores y promover la convivencia, especialmente entre los jóvenes.

Indicó que actualmente se encuentran llevando a cabo misiones de evangelización con el objetivo de orientar a una juventud que, según expresó, enfrenta diversas problemáticas sociales. A su juicio, el auge de situaciones que afectan a los jóvenes requiere una intervención integral.

El líder religioso explicó que, además de la prédica, las iglesias realizan actividades sociales como reuniones y encuentros con jóvenes, fomentando espacios de convivencia en áreas como el arte y la recreación. Estas iniciativas buscan ofrecer alternativas positivas frente a los riesgos sociales.

Sin embargo, reconoció que los resultados no son inmediatos, ya que se trata de un proceso que requiere tiempo, constancia y el apoyo de diferentes sectores. En ese sentido, hizo un llamado a las autoridades para que respalden estas acciones.

Según manifestó, la iglesia no puede enfrentar sola las problemáticas del municipio, por lo que considera necesario un mayor involucramiento del Estado y de otros actores sociales. También destacó la presencia histórica de congregaciones en Quisqueya, señalando que la Iglesia Asamblea de Dios se estableció en la comunidad en el año 1970, convirtiéndose en una de las primeras en la zona.

En medio de los cambios económicos y sociales que ha experimentado el municipio, las iglesias continúan siendo espacios de apoyo y orientación para la población, especialmente en momentos de incertidumbre.

Quisqueya, marcada por su pasado azucarero y su evolución como municipio, enfrenta hoy el reto de reinventarse, fortaleciendo su tejido social y promoviendo nuevas oportunidades para sus habitantes.

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